transgenicosr-out

“Que el alimento sea tu medicina, y que tu medicina sea tu alimento”

transgenicosr-outEsta célebre frase de Hipócrates no contaba con los avances de la ingeniería genética en la actualidad, y la llegada al mundo de los alimentos transgénicos… ¿O sí?

Es común escuchar frente a la exposición de frutas y verduras en las ferias o los supermercados comentarios tales como: “Qué color esa manzana “, “¡Nunca vi morrones tan grandes!”…

Por otro lado, el tema de los transgénicos permanece vigente en el tapete de discusión. Esta nueva tecnología (que podemos resumir claramente en: creación de semillas de laboratorio) ha provocado una serie de preguntas, argumentos y consideraciones éticas sobre su manejo y utilización. Unas a favor y otras en contra.

Iremos analizando algunas para conocer y por lo menos tener claridad al momento de optar por llevar a la olla el súper morrón o la hiper blanca papa.

El desarrollo en los últimos años de las técnicas de lo que se conoce como Biología molecular ha dotado al hombre de herramientas que le permiten acceder y manipular el ADN de los organismos (por decirlo en forma más clara, la esencia de cada uno, lo que lo hace ser una cosa u otra). Así, los transgénicos son plantas o animales que han sido manipulados en laboratorios. Esta manipulación consiste en agregar genes a la cadena de ADN de dichas plantas y animales para cambiar o combinar características entre ellos: Logrando hacerlos más grandes, más coloridos, más resistentes, de crecimiento más rápido, entre otras cosas.

En esta manipulación se ha llegado a “romper” los límites naturales entre las especies, incluso entre reinos. Hablamos de introducir, por ejemplo, ADN de un pez en el genoma de una papa para lograr que el cultivo sea resistente al frío.

De alguna manera, podemos decir que estamos ante una visión utilitaria de la naturaleza.

El tema de los transgénicos no ha sido difundido en forma clara, en cambio sí se han otorgado permisos para que en nuestro país haya aceptado el ingreso de “mercadería genética”.

Hoy en día toda la soja plantada en Uruguay es de origen transgénico, la harina de maíz (polenta) es 100% transgénica y como estos, varios otros productos que hoy consumimos.

Cuando se transfieren genes de un organismo a otro para crear estos alimentos, se usan genes de resistencia a antibióticos, bacterias y virus. No se tiene control en qué lugar de la cadena cromosómica del material a mutar se inserta la nueva característica, el implante. Este proceso es como si se estuviera practicando puntería tirando dardos al azar. Algunos darán en el blanco y otros quedarán pinchados por el resto del material, quedando vivos y reproduciéndose.

Europa en 1999 decreta una moratoria contra el cultivo y comercialización de transgénicos en agricultura.

En Uruguay, según datos del Instituto Nacional de Semillas, en 1999 ya existían 10.000 hectáreas de soja transgénica.
Es casi imposible acceder a información sobre este tipo de cultivos porque no existe una lista publicada con aprobaciones por ejemplo.

Las semillas transgénicas se crean con tolerancia a determinados herbicidas y las mismas empresas que venden las semillas venden esos herbicidas, creando una dependencia total entre ambos productos. Es lógico que el beneficio de estos cultivos cae directamente en las multinacionales que tienen las patentes para los transgénicos.

Son pocas las empresas que monopolizan la producción mundial de semillas y agroquímicos: Novartis, Monsanto, DuPont y Dow Chemical.

En Uruguay, la mayor parte de la investigación biotecnológica se hace en relación a contratos financiados por Instituciones extranjeras, que a su vez son financiadas por estas empresas. Cierra el círculo.

Según la ONG “Redes y Amigos de la Tierra” que trabaja e investiga el tema en nuestro país, la soja transgénica se introdujo en el país sin consultar y sin evaluar riesgos, y no existe legislación que exija que los alimentos derivados de semillas transgénicas estén debidamente identificados.

Mientras tanto, empresas como Monsanto expanden sus cultivos transgénicos en nuestro país cuando, por ejemplo, la Unión Europea los tiene prohibidos.

Estudios de laboratorio realizados en Francia por la Universidad de Caen demostraron que el consumo de transgénicos derivó en daños hepatorrenales y desarrollo de tumores, entre otras dolencias.

No tenemos hoy la posibilidad de distinguir si el alimento que consumimos es o no de origen transgénico (en Brasil se identifican con un triángulo amarillo). Lo que sí podemos saber con seguridad que todos los productos derivados de la soja tienen este origen, ya que lideramos la producción de soja transgénica en el mundo.

Somos lo que comemos, y nuestra salud depende de esto. No sabemos con certeza qué consumimos, pero también el suelo tiene sus consecuencias con el uso de estos cultivos, el aire y el agua. Por otro lado hay quienes encuentran en los alimentos transgénicos beneficios.

Será cuestión de continuar investigando.

Ro Freda

abril 4, 2014

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *