suarez

Todavía los carcome…

Protagonizó uno de los pases más importantes del año, finalmente marcó el primer gol para su cuadro, las empresas lo siguen eligiendo para publicidades y promociones, pero a pesar de sus logros,  para algunos su rasgo más importante es, fue, y por lo visto será, la famosa “mordida” del mundial.

En estos días salió a la venta la autobiografía de Luis Suárez “Cruzando la línea, mi historia”, para muchos el mejor de los libros que se han escrito sobre el ídolo celeste, pero para otros es un nuevo motivo para burlas…sobre todo en Inglaterra.

Parece que los ingleses no perdonan a Luis Suárez. El que fuera mejor jugador de la liga, el que se cansó de marcar goles, el que brindó un espectáculo en cada partido que jugó, pero también es el que se fue al Barcelona, y lo que es peor, es el que les marco goles y los dejó afuera del mundial.

“Crossing the Line. My story.” está en todas las vidrieras de las librerías inglesas, y para promocionarlo, los británicos eligieron agregarle un souvenir: Una dentadura.

“Cada uno tiene diferentes maneras de defenderse. En mi caso, la presión y la tensión salen de esa manera.”  contó  Luis en una entrevista  “Hay otros jugadores que reaccionan rompiéndole la pierna a alguien, rompiéndole la nariz a alguien, o haciéndole un tajo en la cara. Lo que pasó con Chiellini es visto como algo peor, yo entiendo que los mordiscos estén mal vistos” sostuvo en referencia sus arranques de rabia el delantero  del Barcelona FC,  y por supuesto, sus dichos fueron replicados por cientos de medios, generando posturas encontradas.

En uno de los capítulos Suárez cuenta de manera conmovedora cómo enfrentó su salida del Mundial de Brasil y por qué opta por morder a sus rivales en la cancha.

“Lo sabía de inmediato, tan pronto como pasó. Mi entrenador Óscar Tabárez, el Maestro, estaba de mal humor en el vestuario. Yo no podía mirar a mis compañeros, no sabía cómo podía pedirles perdón. No podía mirar al Maestro. Él me dijo que los periodistas le habían preguntado por el incidente y que les había dicho que no había visto nada. Mis compañeros trataban de decirme que quizás la situación no fuera tan mala, pero yo no quería escuchar una sola palabra. Pasarían dos días hasta que tuviera que dejar Brasil, pero en mi cabeza ya me había ido.

Estaba entrenando al día siguiente, todavía en este inconsciente estado de negación. Apenas terminamos la sesión, el Maestro me llamó y me dio las noticias: ‘esto es lo peor que le he tenido que decir a un jugador’. En el momento, pensé que quizás la sanción serían 10, 15 o incluso 20 partidos, pero después él dijo: ‘nueve’. No parecía peor de lo que yo temía, pero él no había terminado: ‘y no vas a poder poner un pie en ningún estadio. Te tenés que ir ahora. Ni siquiera podés estar cerca del equipo’.

Quería quedarme y apoyar a mis compañeros. Podías ver que el equipo emocionalmente estaba muerto, estaban hundidos. Incluso si no iba a jugar, quería tratar de mejorar las cosas aunque fuera de un lugar chiquito. Pero Eduardo Belza me informó de que tenía que dejar al equipo lo antes posible. Me trataron peor que a un criminal. Podés castigar a un jugador, podés prohibirle que juegue, ¿pero le podés prohibir que esté con sus compañeros? La única razón por la que no lloré fue porque el entrenador estaba adelante cuando me informaron de esto.

Que me suspendieran por nueve partidos con Uruguay podría entenderlo. ¿Pero que me suspendieran de jugar con Liverpool cuando mis sanciones en Inglaterra nunca me afectaron con la selección? ¿Sancionarme en todos los estadios del mundo? ¿Decirme que no puedo trabajar? ¿Prohibirme de cualquier actividad cerca de una cancha? Todavía me parece increíble, hasta que el TAS la disminuyó, que FIFA tuviera el poder de ir tan lejos con una sanción.

Nunca sancionaron a nadie así por haberle roto la pierna o la nariz a alguien, como hizo Mauro Tassotti a Luis Enrique en el Mundial de 1994. Hicieron una cosa enorme de todo esto diciendo que pasó ‘delante de los ojos de todo el mundo’. Zinedine Zidane le dio un cabezazo a Marco Materazzi en la final del Mundial de 2006 y le dieron tres partidos.

Después de mi sanción de 10 partidos por morder a Branislav Ivanovic, me cuestioné los dobles estándares de cómo el hecho de que nunca nadie salga herido sea tomado en consideración. El daño al jugador es incomparable con el que se sufre con un desafío horrendo. A veces el fútbol inglés se jacta de tener la menor cantidad de tarjetas amarillas en Europa, pero claro que es así si podés partirle la pierna a alguien y no ser sancionado. Cuando digan que es la liga con menos faltas en jugadas de gol, ahí tendrán algo de lo que sentirse orgullosos.

Sé que morder espanta a un montón de gente, pero es relativamente inofensivo, o por lo menos en los incidentes que yo estuve involucrado. Cuando Ivanovic se levantó la manga para mostrarle al árbitro la marca en Anfield, no tenía nada. Ninguna de las mordidas fue como Mike Tyson a Evander Holyfield, pero eso a nadie le importa.

(…) Momentos antes de la mordida a Chiellini tuve una gran chance de ponernos 1-0. Si hubiera hecho ese gol, si Buffon no hubiera salvado, yo no hubiera hecho nada. Pero fallé.

Cuando el corazón para después de un partido es fácil mirar atrás y decir: ‘¿cómo pude ser tan estúpido? Quedaban 20 minutos’. Pero en la cancha, con la adrenalina y la tensión, no te das cuenta realmente de cuánto falta. No sabés nada. Todo lo que podía pensar era: ‘no anoté. Estamos afuera del Mundial’. Hay algunos jugadores que en esa posición hubieran dicho: ‘bueno, estamos afuera, pero anoté dos buenos goles ante Inglaterra. Soy la estrella’. Podría haber pedido que me sacaran. ‘La rodilla me está doliendo de nuevo, hice dos goles el partido pasado, di lo mejor de mí’. Pero quería más.

(…) Yo no quería hablar más de la mordida a Chiellini, pero cuando volví a Montevideo con las persianas bajas, deprimido y sin ganas de digerir lo que había pasado, estaba viendo la conferencia de prensa cuando Tabárez anunció que, en apoyo a mí, iba a renunciar a su cargo en la Comisión Estratégico de FIFA. Desde el partido con Italia yo me sentía deprimido. Estaba en shock, como insensible. La tristeza me había superado. Pero lo vi a él y las lágrimas empezaron a rodar. No podía creer lo que estaba haciendo por mí. Ver lo mucho que me quiere, ver lo que estaba pasando, las consecuencias de lo que yo había hecho, me destruyó el alma.

Estoy aprendiendo a lidiar con la elaboración de esa presión. Siempre prefiero mantener las cosas para mí mismo antes que compartirlas con todos, pero estoy aprendiendo a que si lo dejo salir me sentiré mejor. No mantener todo reprimido, no enfrentar todo solo”.

 

Lala Sanguinetti

Fuente

noviembre 30, 2014