Donde se mezclan cielo y tierra

Ubicado en Bolivia, además de ser el mayor desierto de sal del mundo, el Salar de Uyuni también es un gigantesco espejo natural que atrae miles de turistas por año.

Uyuni cuenta con 12.000 kilómetros cuadrados, y cerca de 64.000 millones de toneladas de sal. Cuando llegan las épocas de lluvia, queda una finísima capa de agua sobre la llanura, y ese simple fenómeno, transforma al desierto en un lugar mágico.

Esta inmensa llanura supo ser un gran mar, que llenaba todo el altiplano hace millones de años, pero ese mar se retiró y dejó como recuerdo de su paso lo que hoy son el Lago Titicaca, el Lago Poopó, y los Salares de Coipasa y de Uyuni.

Con el tiempo, este lugar se ha convertido en uno de los principales destinos turísticos de Bolivia, que recibe cerca de  65.000 turistas al año, que son testigos de que resulta casi imposible distinguir dónde acaba la tierra y dónde empieza el horizonte.

Tal es la capacidad que tiene este desierto para reflejar la luz, que los satélites lo utilizan para calibrar sus instrumentos de medición, ya que la sal refleja la luz hacia el espacio y junto con las condiciones de la atmósfera, ofrecen la posibilidad de obtener mediciones cinco veces más precisas que las que se realizan sobre el océano.

Cada año, se extraen de la salina unas 25.000 toneladas de sal, insignificante si se considera que los expertos estiman que la capa de sal tiene unos 120 metros de grosor.

Uyuni es además una de las mayores reservas de litio y cuenta con importantes cantidades de potasio, boro y magnesio, por lo que más de 40 empresas mineras explotan a diario los recursos del salar de Uyuni.

Realmente visitar Uyuni es una experiencia única, dónde el efecto de la luz sobre la superficie mojada dan la sensación de estar caminando sobre el cielo, y unas fotografías increíbles.

Fuente

Lala Sanguinetti

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